De cómo Magic the Gathering dio por casualidad con la quintaesencia de la psique humana.

He querido escribir sobre esto desde ya hace mucho, pero no lo he hecho antes por dos motivos. En primer lugar, dudaba si intentarlo pues si quiero mencionar todo lo que creo que se puede decir de este tema el texto se hará eterno. Segundo, hasta hace poco no tenía un blog cuya temática fuera apropiada para hablar de ello, pero puesto que este sitio nació precisamente para dar cabida a todo lo que me viniera a la mente… allá vamos.

El sistema de colores.

Lo primero, advertir que no quisiera yo que nadie se tomara esto como algo serio, solamente como una curiosidad del sistema de colores del juego de cartas Magic: The Gathering (MTG de ahora en adelante) que surge en su diseño por pura casualidad. El susodicho sistema es la forma que tiene el juego de dividir los recursos a los que cada participante puede acceder: Cada una de las cartas que componen el juego (más de 20.000 en la actualidad, sumándose varios cientos cada año) están asociadas a uno o más colores de los cinco posibles, representando cada uno un tipo de energías y magias:

  • Rojo: Fuego, tierra, daño, caos.
  • Blanco: Luz, ley, protección, curación.
  • Verde: Naturaleza, vida, poderío físico.
  • Azul: Conocimiento, viento, agua, control.
  • Negro: Muerte, oscuridad, enfermedad.

Esta sería un resumen muy escueto, pues la lista completa de conceptos asociados a cada color es inmensa y aquí radica el quid de la cuestión, pues no solo abarcan conceptos como los anteriores, sino que también definen las características de personalidad, ideario y conducta de cada una de las criaturas que se asocian con estos colores. Y como quiera que el juego ha seguido expandiéndose año tras año, hemos visto personajes de todo tipo plasmados en las mencionadas cartas. Así, una lista (de nuevo, escueta y muy resumida) de algunos aspectos de la personalidad que se asocian a estos colores serían:

  • Rojo: Impulsividad, pasión, anarquía, violencia.
  • Blanco: Bondad, justicia, orden, afabilidad, inocencia.
  • Verde: Calma, naturalidad, aceptación, superviviente.
  • Azul: Inteligencia, dominio, investigador, frialdad.
  • Negro: Ambición, odio, injusto, disensión.

Con tal cantidad de cartas creadas hemos llegado al punto en que prácticamente cualquier rasgo de personalidad estará ya asociado a un color (o a una combinación de los mismos, luego os cuento). Y por supuesto que esto no era lo que tenían en mente los diseñadores del juego al crear el sistema de colores, pero la mera necesidad narrativa y de diseño ha producido este curioso efecto, el cual logra que cualquier persona que haya jugado suficiente a MTG sepa, aunque sea por intuición, asociar cada rasgo a un color.

Cinco colores, cinco símbolos.

Los cinco grandes.

Resulta curioso que, de hecho, una de las teorías más importantes en psicología en cuanto a taxonomía de las personalidades humanas es el llamado Modelo de los Cinco Grandes (habitualmente conocido como Big Five, por su nombre en inglés) el cual contempla cinco grandes rasgos dimensionales de personalidad, esto es, según puntúe un sujeto en cada una de estas dimensiones será de un modo u otro su personalidad.

Por cierto, un dato curioso más ¿sabéis cuándo se popularizó este modelo tras encontrarse evidencias que lo avalaran? En el año 1993. ¿Sabéis en que año fue diseñado MTG? Bingo.

Bueno, basta de coincidencias graciosas, que luego os ponéis conspiranóicos. La cuestión es que, por mera casualidad, el sistema de colores del juego dividió las características de sus personajes y criaturas utilizando cinco categorías de las cuales los diseñadores se vieron poco a poco empujados a ampliar sus definiciones hasta convertirse en una suerte de clasificación de personalidad. Antes de continuar, dejadme que os cuente, de forma muy resumida, acerca de los cinco factores del Big Five:

  • Apertura (a la experiencia): Define cómo de inventivo, curioso o por contra cauteloso es alguien.
  • Escrupulosidad: ¿Eres eficiente y organizado? ¿O quizás indolente o descuidado?
  • Extroversión: Quién puntúa alto es sociable, mientras que quién no, es solitario o reservado.
  • Amabilidad: Este factor define si una persona es amigable y compasiva o bien si es fría, distante y cerebral.
  • Neuroticismo: Determina si somos susceptibles y nos alteramos con facilidad o si somos resistentes y nos mantenemos firmes y seguros ante las adversidades y sucesos inesperados.

No os voy a decir que los cinco factores puedan ser asociados 1:1 a los cinco colores, pero tener una alta Apertura suena muy azul y la Escrupulosidad es muy del color blanco, por ejemplo. De nuevo, no pretendo que os toméis este símil como que podéis determinar cómo es alguien con solo mirar su baraja de MTG, porque eso sería como echarles la carta astral o alguna otra magufada del estilo. Esto no es sino una mera casualidad, seguramente provocada por la misma forma en que percibimos al mundo y a los demás, una suerte de intuición sobre cómo funciona la personalidad humana. Eso sí, una casualidad hermosa, si me preguntáis.

Todos tus objetivos tienen color.

Sea como sea, el caso es que este sistema de colores nos permite pensar en personalidades, grupos de naturaleza, acciones, aspiraciones y hasta en sucesos, no solo clasificándolos sino incluso permitiéndonos imaginar muchas más características de cada uno de ellos que las que están presentes a simple vista en las propias cartas. Así mismo, permite hacerse una idea de la clase de personaje que representa una carta tan solo con ver los colores que la componen. Se podría argumentar que en muchos casos la ilustración juega un papel igualmente relevante en esto y sería cierto, pero incluso aunque cada elemento en la carta suma al significado del conjunto, esto no quita que la codificación de colores de las mismas ofrece ya de por sí una información muy específica… ¡si tenemos en cuenta que se trata tan solo de cinco símbolos distintos combinados entre sí!

Si nos quedamos con lo superficial, puede parecer sorprendente que un juego de cartas haya logrado un sistema tan eficiente para clasificar identidades, actitudes, acciones y hasta individuos. No obstante, este extraño accidente sucede, precisamente, por que se basa en tópicos, todos ellos recogidos en grupos arquetípicos. No cuesta, de hecho, encontrar antiguos tratados de psicología pre-científica que recurrían a clasificaciones no muy distintas (Jung, por ejemplo, hablaba del inocente, el amigo, el héroe, el cuidador, el explorador, el rebelde, el amante, el creador, el bufón, el sabio, el mago y el gobernante) o, sin ir más lejos, los propios horóscopos, que se basan en conceptos muy similares. Por lo tanto, no cabe olvidar que, por interesante que sea juguetear con estos conceptos, no hay que tomárselos muy en serio.

Dicho lo cual, hablemos de objetivos. Cada color representa una actitud en la vida y eso implica, entre otras cosas, unas metas concretas, unas aspiraciones, además de unos medios que utilizar para lograrlas. Así, el color blanco busca alcanzar la paz utilizando para ello el establecimiento del orden. El azul, en cambio, tiende a querer buscar la perfección (personal o grupal) y lo quiere lograr mediante el conocimiento, ya sea este científico, mágico o de cualquier otro tipo. El color negro, el más individualista y egoísta, desea alcanzar la mera satisfacción de los deseos personales y usará para ello cualesquiera métodos que vea necesarios, aunque impliquen causar daño a los demás (¡o a uno mismo incluso!). El rojo intenta obtener la libertad, ya sea de la propia persona o de la sociedad, y para ello no hay otra que actuar, ya sea mediante la violencia más directa o de cualquier otra forma que pase por derribar todo obstáculo que se le ponga por delante. Finalmente, el color verde, suele tener interés en que reinen la armonía y las leyes naturales, lo que implicará luchar contra toda obra artificial que busque modificar dicha armonía y alterar lo natural, así como aceptar aquellos aspectos de dichas leyes que a ojos de los demás colores puedan parecer más negativos o indeseables, pero que para el verde forman parte de la misma vida.

Personajes y sociedades de todos los colores.

He ilustrado el artículo con cartas de MTG, que es lo suyo, pero como ya dije lo más interesante es que se puede extrapolar este sistema para mirar, bajo su prisma, a cualquier otro elemento narrativo ajeno a este juego. Para ello, eso sí, cabe recordar que las descripciones que hasta ahora he realizado son muy escuetas y limitadas, pero lo que implica cada color es en realidad una serie de conceptos amplios y diversos. Por ejemplo, si solo tenemos en cuenta lo dicho previamente podría dar la impresión de que blanco equivale a bueno y negro a malo, pero esto no es cierto (aunque es muy habitual que así sea, la verdad).

Tomemos como ejemplo las distopías creadas por Orwell o por Atwood. Así, en «El cuento de la criada», encontramos una sociedad estratificada en castas y segregada según los roles especializados y siendo esta jerarquía especialmente denigrante y hostil con las mujeres. Dentro de esta historia los partidarios de dicha sociedad la justifican en base a unas creencias religiosas fundamentalistas que no toleran ningún pensamiento que las contradiga, aplicando además severos castigos a quienes se niegan a obedecer. Es, pues, una sociedad basada en un orden estricto, en una ley aplicada de forma férrea. Esta manera de funcionar es por completo el modus operandi del color blanco, lo cual puede producir escenarios más benignos que el descrito, pero también otros erigidos en torno a una idea que ha corrompido por completo la idea de lo que es justo y bueno.

Si hablamos de personajes que podríamos asociar a este color, serían aquellos que actúan bajo la presunción de que lo hacen movidos por un código moral que consideran superior y acertado. Muchos de ellos serán, además, personajes bondadosos y/o heroicos. Entrarían en esta categoría Superman o Aragorn, entre otros muchos, personajes que cuando alcanzan sus metas logran que el mundo sea mejor, aunque cómo ya he dicho quizás esto solo sea según su propio punto de vista. En suma, individuos que eligen hacer aquello que creen que es justo.

¿Y qué hay del azul? Este color, como ya dije, busca el perfeccionamiento a través del saber, del aprendizaje. Según su lógica, lo único que necesitamos es entender el funcionamiento del mundo para poder hacer de él un lugar mejor. La escuela de magos de Roke, en Terramar, es un buen ejemplo de un «grupo azul». Individuos azules serían fríos y cerebrales, controladores. Unos cuantos ejemplos podrían ser Batman, Merlín o, más claramente, Spock.

En cuanto al color negro… allí donde el blanco impone el orden y el azul busca aquella que considere la opción más razonable, el negro únicamente contempla como objetivo la meta propia, la satisfacción personal por encima de cualquier cosa. Por ello es que la mayoría de los personajes que encajan en este color son consideramos malvados o, en todo caso, amorales. Los mundos de fantasía grimdark se prestan a mostrar la clase de sociedades que asociaríamos a este color, como la ciudad siniestra de Commorragh o Plagópolis en el reino Skaven. En cuanto a personajes, encontramos a villanos como Voldemort, Cersei Lannister o Darth Sidious, pero también podríamos encontrar personajes que no son esencialmente malvados, como Bart Simpson.

No hay que confundir el anterior con el rojo, el color de las pasiones desenfrenadas. El color rojo puede parecer también egoísta, pero en realidad tiende más a querer ser libre y no seguir ninguna regla, aunque esto no necesariamente vaya a implicar siempre causar daño a los demás. Las agrupaciones rojas son extrañas, pues es difícil organizarse cuando cada individuo obedece únicamente a sus propios impulsos, pero un buen ejemplo es la familia vampírica de Lo que hacemos en las sombras, donde lo que une a los protagonistas es su hedonismo, pues son vampiros sujetos permanentemente a sus deseos y pasiones. Por tanto, estos personajes representan a la perfección este color, pero hay muchos más: Romeo y Julieta, Homer Simpson o Son Goku, cuyo modo de vida se ciñe en buscar rivales cada vez más fuertes para seguir disfrutando de la emoción de la lucha y luego darse un grandísimo atracón de comida para celebrar la victoria.

Y para terminar, queda hablar del verde, el color de la harmonía y la naturaleza. Si eres verde, querrás luchar contra cualquier evento que quiera alterar ese equilibrio y, en cambio, aceptarás cualquier suceso que pueda considerarse natural, ya sea agradable o doloroso. Si todo esto os suena muy hippie, es porque las comunas hippies son, de hecho, un buen ejemplo de este tipo de agrupaciones, como también lo serían a priori asociaciones como Greenpeace. En la ficción podríamos nombrar, por ejemplo, a los nómadas del aire de Avatar. También son verdes personajes como Pocahontas, San (La princesa Mononoke), Tom Bombadil o Yoda, así como Poison Ivy.

Llegados a este punto, os preguntaréis cómo es posible que con solo estas cinco categorías podemos clasificar a cualquier personaje. Quienes jueguen al Magic: The Gathering es probable que ya sepan la respuesta: no se puede. ¡Ah, pero es que muchas de las cartas del juego combinan varios de estos colores! Así, un personaje rojo/blanco podría ser alguien cuya pasión por la ley le mueve a actuar, mientras uno blanco/azul podría querer lograr el mismo objetivo, pero lográndolo a través de la manipulación y el control. Estas sutilezas son las que hacen de este sistema clasificatorio algo tan interesante a mi entender y por ello podría estar horas hablando del tema. De hecho, ya que veo que es eso justamente lo que va a suceder, prefiero que, de momento, lo dejemos aquí. En la segunda parte, hablaré de todas esas combinaciones de colores y de cómo con ellas podemos, esta vez sí, categorizar absolutamente cualquier personaje, acción o grupo.

Nos vemos.

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