De cómo conocí al tiempo

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Lleva ya un tiempo rondándome la idea de utilizar el blog para crear una especie de dramatis personae de mi propia vida, es decir, una lista de personas (a veces personajes) que me he ido encontrando a lo largo de los años. No soy tan mayor, quiero pensar, pero el caso es que me ha dado tiempo de conocer gente de lo más variada y esta sería mi manera de dejarles constancia de mi aprecio o de explicar cómo han sido importantes de un modo u otro para mi. Además, dicen que el buen narrador utiliza sus propias experiencias para hilar las historias que cuenta y dudo que exista una historia que me conozca mejor que la mía propia.

Antes de empezar, debería, eso sí, tomar dos decisiones. La primera, plantearme por dónde empezar. No por el principio, eso está claro, pues los personajes más interesantes tardan un rato en aparecer en esta historia y no quiero que esto sea una mera biografía (quiero hablar de ellos y ellas, no de mi). Bien, creo que ya sé a quien escoger primero, a un amigo que en cierto sentido siempre ha estado aislado del resto de mis amistades, desconectado en cierta manera de los demás, al habitar un contexto geográfico distinto al resto.

La segunda decisión sería cómo referirme a estos personajes. Recordemos, son reales, pero no es cuestión de ir dando nombres y apellidos, más aún cuando el elegido para empezar tiene un nombre tan peculiar que he presenciado como varias veces se ha dudado de su veracidad. Bien, creo que lo suyo será elegir un nombre que represente la esencia de cada cual. Por ejemplo, haciendo honor a su nombre real, hoy os hablaré del Tiempo.

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El Tiempo es tratado de forma muy injusta por el mundo, creo yo. La gente siempre se queja de que le falta tiempo, de que los días pasan y la vida no les llega para hacer todo lo que desean, para cumplir todos sus sueños y lograr todas sus metas. Bien, en primer lugar hay sueños que serían muy difíciles de lograr, aun con todo el tiempo del universo a nuestro alcance. En segundo, hay que entender que El Tiempo es amigo de todos y cada uno. Es una criatura en extremo social, llena de amor y bondad, por lo que se ha de ocupar de atender a cada persona que le reclame. Pensadlo, seáis quienes seáis, él siempre ha estado con vosotros. Y ahora, imaginad pues cómo de complicada debe ser su agenda. Y sí, es paradójico que se llame como se llame, cuando él mismo anda escaso de tiempo. Pero estoy seguro de que no se queja. A decir verdad, creo que jamás le he visto quejarse de nada, lo que os puede dar una pista de la clase de persona de la que estamos hablando.

Pero quizás estoy adelantándome. Debería empezar por cómo conocí al Tiempo. Todo ocurrió cuando me encontraba lejos de mi hogar (bien, no tan lejos, pero en aquel entonces parecía un mundo de distancia), de mi familia y de mis amigos. Conocía a una persona en aquella ciudad y ese era Fantasma. No le llamo así porque fuera un fanfarrón, más bien al contrario, pero a veces hablaba de tal forma que daba la impresión de ser un espíritu que no pudiera descansar en paz.

Fantasma conocía a Tiempo e invitó a este un día en que había quedado conmigo. Me sorprendió comprobar cómo El Tiempo era un joven lleno de vitalidad, de largos cabellos rubios y ojos vivos, con una nariz aguileña que le confería personalidad a su rostro, junto a una sonrisa radiante y sincera que indicaba a las claras el tipo de persona que era. En aquel momento no lo pensé, pero más adelante me di cuenta de que hubiera sido un candidato ideal para personificar al héroe del tiempo. Lo cual es curioso porque como ya sabéis, Tiempo era su nombre.

Nos caímos bien al instante y no tardamos en decidir que íbamos a vivir juntos. Podríamos pensar que una decisión tan precipitada, aunque propia de aquellos años universitarios, tenía papeletas para acabar mal (la convivencia puede ser dura, ya sabéis), pero la verdad es que todo fue como la seda.

Fue un periodo no tan extenso, pero que pareció dilatarse hacia el infinito, pues nos dio tiempo a hacer y nos pasara de todo. Los días podían parecer semanas y las horas días, lo digo en el mejor de los sentidos. Fueron días intensos donde el aburrimiento no parecía tener cabida. Exploramos la ciudad hasta el último rincón, encontramos su corazón y los secretos que guardaba. Anduvimos entre vampiros y observamos a razas inmortales enfrascarse en una lucha eterna contra guerreros invencibles. Hicimos la guerra entre nosotros, siempre sin hacernos daño, así como también nos quisimos. Y puesto que gracias al poder de mi amigo teníamos todo el tiempo en nuestras manos, descubrimos cómo acabar con el hambre del mundo, pero también aprendimos el elevado coste que tendría liberar ese saber a la humanidad sin que ésta lo descubriera antes por sí misma. Incluso viajamos hasta el final de los días y contemplamos lo que sucedería en el fin del mundo, cuando cierta palanca activara cierto mecanismo.

La palanca del Putufu - Cuenta la leyenda, que hace tiempo, mucho tiempo atrás....una palanca fué encontrada en un ascensor maldito, cerca del misterioso botón "A". Algunos dicen que simplemente hace sonar la alarma, pero nosotros sabemos la verdad, y la verdad es... ...la verdad es que...ABRE LAS PUERTAS DEL INFIERNO , DESATÁNDO ASÍ EL PUTUFU. - Fotolog

Pasamos por mucho juntos. Y lo que aún no he dicho es que llegó en el momento ideal, como si el universo hubiera decidido darme una tregua. Con él a mi lado los días parecieron tener más color y la vida merecer más la pena. Por eso, cuando eventualmente tuvo que marchar, fue doloroso. Pero como ya dije, Tiempo es una criatura en extremo social y no sería justo que yo lo hubiera acaparado para siempre a mi lado. Además, cuando se fue, me di cuenta de que yo ya no era la misma persona, mucho había cambiado y las cosas parecían poder ir a mejor. Se marchó, pero de él aprendí a ver el mundo con esa esperanza infinita, con una inocencia que me ayuda a pensar que, al final, todo saldrá bien.

Es algo que he necesitado recordar muchas veces. Por suerte, aunque se fue a atender otros asuntos, ajenos y propios, nunca se marchó del todo y siempre ha aparecido cuando más lo he necesitado. Nos vemos bastante menos de lo que yo querría, algo en lo que la condenada pandemia no ayuda, pero pese a la distancia nunca dejará de ser uno de mis mejores amigos y siempre me llenará de alegría cada vez que lo vuelva a ver. Cosa que espero no tarde en suceder.

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