Cuando somos pequeños todo nos sorprende y nos fascina. Los niños y las niñas viven en un mundo fascinante en el que potencialmente todo es posible. Solo es, con el paso de los años, que terminamos intercambiando esa ilusión ante la fantasía continua por un verdadero1 conocimiento de lo que es posible y lo que no. No es mal trato, aunque tiene sus consecuencias negativas. Para empezar, se pierde en gran parte la capacidad de ilusionarse por los pequeños descubrimientos de la vida, de fascinarse ante una historia, de disfrutar de lo que estamos haciendo sin preocuparnos por todo lo que tenemos que hacer aún.
Por eso es que ya de adultas muchas personas tienden a creer que hay poco que pueda emocionarles, más allá de los hitos más importantes de sus vidas2. Sin embargo, la ficción viene a recordarnos a menudo que esto no tiene porqué ser así. Hay obras que logran remover algo que a veces no sabíamos que teníamos en nuestro interior3. Obras que una vez terminadas, no podemos sentirnos indiferentes a ellas porque han dejado rastro en nuestra persona. Algunas, de hecho, nos sacuden con tal fuerza que dejan en nuestro mundo interior una marca equivalente al cráter de Chicxulub.
Esto es lo que me ha sucedido con Saga.
Opiniones sobre la piratería hay muchas. De hecho, seguramente casi tantas como personas en el mundo. Por eso no puedo sino limitarme a hablar sobre mi experiencia con ella. He pirateado, creo que no mucho, pero sí siempre que me ha facilitado la vida (por economía, favorecer el acceso, etc.). Sin embargo, puesto que solo he pirateado obras (del tipo que sea) que creía que me podían interesar realmente, y en tanto que tengo tendencia a la acumulación malsana de libros (incluyendo en este problema a los cómics), me ha pasado varias veces lo que me ha sucedido con Saga. Empecé a leerla bajada de internet, me encantó y antes del décimo número ya no tuve más remedio que comprarla.
Por tanto, no puedo considerar la piratería como algo malo por defecto, pues me sirve para filtrar entre cosas que descarto por no gustarme y otras que me compro porque siento que lo merecen. Podríamos decir que uso la piratería como una suerte de demo.
¿Es buen sistema? A mi me vale. ¿Es perfecto? No. Tiene, por descontado, aristas morales de las que podríamos hablar durante horas. No lo haré (al menos no hoy), pero resulta curioso4 cómo Saga trata precisamente de eso, de nuestras acciones y de las consecuencias que estas tienen más allá de nuestras intenciones. También habla de mucho más, como la forma en que ven el mundo niños y niñas, cómo de complicado es crecer y ayudar a que otros crezcan. De lo difícil que es a veces seguir sobreviviendo día tras día en un mundo que te odia. De lo imposible que se siente a menudo el tener hijos/as5. Y de muchas, muchas más cosas.

A día de hoy la serie sigue publicándose y su guionista y dibujante ya dijeron en su momento que la serie tendría 108 números. Hay muchas reediciones del material ya publicado, pero yo opté por el Compendio volumen 1, que recopila hasta el número 54. Eso implica que seguramente no leeré la segunda mitad hasta… 2028, con suerte. Tenedlo en cuenta.
—Vale, sí, pero dejate de rollos.
Sí, tienes (¿tengo?) razón. Como mínimo debería de hablar sobre qué es Saga. De qué trata.

Pues bien, trata sobre una guerra galáctica y sobre cómo un grupo de parias logra…No, espera, eso suena a Star Wars y esto no es Star Wars. Puede que se le parezca a ratos, porque en todo caso sí es una Space Opera. Al fin y al cabo hay diferentes personajes de diferentes especies viajando continuamente de un planeta a otro, pero mientras que Star Wars está escrito para ser naive, para ser para todos los públicos, Saga juega a otra cosa. Y juega durísimo.
Veréis, en este caso la guerra es entre la alada población del planeta Terrada y los cornudos habitantes de la luna Guirnalda6. El problema es que la guerra lleva ya tanto tiempo activa que nadie contempla su fin y ha acabado involucrando a la práctica totalidad de las especies que habitan la galaxia. Por tanto, no existen espacios verdaderamente neutrales.
Lo cual es un problema para los protagonistas, Marko y Alana. Él, nativo de Guirnalda, ella de Terrada. Se acaban conociendo de forma azarosa y congenian al descubrir que se parecen más de lo que pudieran pensar. Al fin y al cabo ambos odian la guerra que parece consumirlo todo. Al fin y al cabo ambos se atraen. Se desean.
Toman decisiones y cada una de ellas tiene consecuencias. Porque Saga habla de lo horrible que es la guerra y lo hace de una forma cruda y amarga. Pero también habla de las consecuencias de cada uno de nuestros actos. Así que Marko y Alana huyen. ¿A dónde? Buena pregunta, porque no hay un lugar en el que ambos puedan estar seguros. Peor aún, ella termina embarazada, algo que no creían que fuera posible, pero lo es. Así que su situación se complica cada vez más y cada nueva decisión les vuelve más vulnerables. Aún así logran sobrevivir tiempo suficiente para ver nacer a su hija. Y aquí es dónde empieza Saga7. Casi nada.
Marko, Alana y su hija Hazel8 son de los personajes más interesantes, enternecedores y realistas (con sus fortalezas y debilidades, sus genialidades y sus meteduras de pata) que haya leído últimamente en un cómic. Me encantan y no voy a empezar a explicar los motivos (hoy), porque podría pasarme todo un día escribiendo y me quedarían cosas por decir. Quedaos con que les quiero mucho y deseo muy fuerte que logren algún día vivir en paz.9
No obstante, no son los únicos personajes que pueblan el universo de Saga. Tampoco haré hoy spoiler al respecto, creo que será más divertido para quien quiera leerlo el ir descubriendo el elenco, aunque ninguno de estos personajes tiene desperdicio, eso os lo aseguro. No solo por la variedad (fantasmas impertinentes, mercenarios con problemas sentimentales, gatas detectoras de mentiras, televisores aristócratas, reporteros tritón, pastores de morsas espaciales o exparejas cabreadas, por mencionar algunos), sino porque cada nuevo personaje sirve para hacer hincapié en que toda acción tiene por consecuencia una reacción.
Cierto es que es inevitable que, pese a la capacidad coral de la obra, no se libra de la sensación de que todo lo importante que sucede en esta galaxia acaba teniendo relación con Marko y Alana (otro parecido con Star Wars). No obstante, aquí creo que esta tendencia está por completo al servicio de los temas que intenta tratar el cómic, creando cada nueva acción un efecto dominó que afecta a las relaciones siempre cambiantes entre cada uno de estos habitantes de la historia.
El mejor ejemplo es la propia relación del dúo protagonista, ya que ni siquiera la relación de Alana y Marko está a salvo del resultado de sus propias acciones. Para empezar ambos abogan por no verse involucrados en la guerra y quieren vivir sus vidas en paz, pero su forma de abordar los problemas específicos es a menudo distinta. Alana, por su parte, prefiere no meterse en peleas, aunque hará lo que sea por defender a su familia. Marko, en cambio, ha prometido no usar la violencia bajo ningún concepto. Y menos mal, porque… Bueno. Yo no querría tener que enfrentarme a él, ¿sabéis?
Sea como sea, la violencia les persigue, así que a menudo entra en conflicto quiénes quieren ser con quienes han de ser, tomando cada cual sus propias decisiones. Lo de no poder ser quien quieres y verte forzado a tomar otro rol debido a las circunstancias creo que es, por cierto, una experiencia casi universal para padres y madres. En cualquier caso, Alana y Marko son muy buena gente, pero no son perfectos (nadie lo es). Y eso implica que sus decisiones no solo tienen repercusiones para otras personas ajenas a su familia, sino que también cometen errores que afectan a quienes más quieren. Incluida a su hija.
Aun así, tras cada tropiezo se siguen levantando para enfrentarse a de nuevo a un universo que les odia. Porque en su día tomaron una decisión y porque es una ante la que ya no pueden echarse atrás. Y porque, aunque pudieran deshacer lo ya hecho, no creo que lo hiciesen. Al fin y al cabo, de eso se trata el amar a alguien. De ser imprudentes e irreductiblemente valientes.
- Aunque no todas las personas conocen la misma cantidad de verdades ni con igual precisión, todo adulto que se precie actúa como si estuviera en posesión del conocimiento absoluto de cómo funciona el universo. Por otra parte, la realidad es que nadie sabe prácticamente nada de ningún tema, porque como todo buen experto en alguna materia admitirá, aún nos queda una infinidad de cosas por aprender al respecto. ↩︎
- Como viajar lejos de casa, iniciar una relación, tener un hijo o hija. ↩︎
- Algún día tengo que hablar de Doctor Who, lo prometo. ↩︎
- O quizás solo quería comentar lo de la piratería y ahora estoy cambiando de tema con escasa gracia. ↩︎
- Vale, esto sí es curioso. ¿Sabías que según la RAE la palabra «hijo» es sinónima de «consecuencia»? ↩︎
- Landfall (Recalada) y Wreath (Gurinalda) en el original, respectivamente. Lo de Terrada me suena regular, pero me lo he leído en inglés, así que igual es solo falta de costumbre. ↩︎
- De hecho, empieza literalmente con el parto. ↩︎
- Quien, por cierto, es la narradora omnisciente que nos cuenta todo lo que sucedió en su pasado. ↩︎
- Pero recordad que esto no es Star Wars. ↩︎


















